La actriz decidió someterse al procedimiento tras enfrentar dos hemorragias cerebrales y la muerte de su padre.
Emilia Clarke reveló que congeló sus óvulos a los 35 años tras atravesar “años de soportar un gran dolor”, marcados por dos hemorragias cerebrales y la muerte de su padre.
Durante una entrevista con The Times, la estrella de Game of Thrones habló con franqueza sobre una etapa de su vida que transcurrió en paralelo a su ascenso como una de las actrices más reconocidas del mundo.
“Han sido años de soportar un gran dolor”, declaró al medio británico. “Luego me desperté una mañana y me di cuenta de que había superado lo peor”.
En ese camino, el congelamiento de óvulos fue una de las decisiones que marcó un antes y después.
“Tenía 35 años cuando me congelé los óvulos. Muchas otras mujeres de esa edad también lo están haciendo”, dijo en una referencia que ubica la experiencia dentro de una realidad compartida por muchas mujeres de su generación.

Pero el contexto detrás de esa decisión estuvo lejos de ser tranquilo. Emilia Clarke describió años en los que la proximidad a la muerte fue una constante.
Tras filmar la primera temporada de Game of Thrones, sufrió un aneurisma cerebral mientras hacía ejercicio en un gimnasio en Crouch End. Su probabilidad de sobrevivir fue estimada en un 60%.
Luego de la operación, tuvo dificultades para recordar su propio nombre y asumió que su carrera había terminado. Sin embargo, regresó al trabajo.
Los médicos le informaron que tenía un segundo aneurisma, más pequeño, en el otro lado del cerebro, con riesgo de romperse en cualquier momento. En 2013, durante una producción de Breakfast at Tiffany’s en Broadway, ese segundo aneurisma se rompió y los médicos debieron intervenir quirúrgicamente a través del cráneo para detener la hemorragia.
“Tuve estas hemorragias cerebrales y no hice gran cosa al respecto”, admitió ante The Times con cierta ironía. “Simplemente volví al trabajo porque estaba viva y todo parecía estar bien”.

A esas crisis de salud se sumó, en 2016, la muerte de su padre, a quien describió como “un hombre extraordinario” que le enseñó “lo que está bien y lo que está mal de una manera fundamental, del alma”.
“Le daría todo a cambio de un abrazo de él. Solo quiero eso”, dijo con la voz cortada. “Este año se cumplen diez años y todavía no puedo hablar de él sin emocionarme”.
La actriz británica vinculó ese cúmulo de experiencias con el síndrome del impostor que la acompaña desde siempre.
“Las hemorragias cerebrales y la muerte de mi padre fueron momentos que la cambiaron para siempre y que ocurrieron al mismo tiempo que momentos de euforia anormal”, explicó al medio británico. “Eso me deja en el medio pensando: ‘Mierda, nada es real. Todo flota. Si miras la cosa buena, desaparecerá’“.
La fama derivada de “Game of Thrones”
Durante los años en que interpretó a Daenerys Targaryen en Game of Thrones —de 2011 a 2019—, Clarke reconoció que fue incapaz de poner límites a su agenda laboral. “No sabía que existía la palabra ‘no’”, afirmó a The Times.
Según contó al mismo medio, en los últimos cuatro años de la serie tuvo apenas dos semanas de descanso, mientras compaginaba el rodaje con películas como la comedia romántica Yo antes de ti y el thriller Above Suspicion, entre otros proyectos.
Fue recién con la llegada de la pandemia, en 2020, cuando se detuvo por primera vez desde los 19 años. “Quizás soy una optimista de nacimiento, pero fue la primera vez que me detuve desde los 19”, dijo a The Times.
Antes de Game of Thrones, trabajó en call centers y sirviendo pintas de cerveza en conciertos de Meatloaf.
El período de aislamiento, aunque difícil, resultó útil. “No lo pasé bien, pero lo superé con terapia por Zoom y bebiendo al aire libre. Ginebra en lata. Muy saludable”, recordó con humor ante The Times.